DESDE LAS REFORMAS
LABORALES DEL PSOE Y DEL PP, LAS TRABAJADORAS/ES ACOSADOS EN EL TRABAJO, TIENEN
COMO ÚNICA SALIDA MARCHARSE DE LA EMPRESA Y PERDER EL EMPLEO.
Desregular las condiciones de
trabajo, descausalizar el despido, poner a precio de saldo el mismo, permitir
el descuelgue unilateral de los empresarios de cualquier acuerdo o pacto con su
representación , y en definitiva haber destruido el derecho en el
trabajo y a los trabajadores como personas cuando firman un contrato, tiene como efectos más perversos, que aquellas
trabajadoras y trabajadores que son acosados en las empresas tienen como única solución despedirse y abandonarla.
Ya era tarea monumental hasta no
hace mucho que los trabajadores/as que padecen esta grave situación,
consiguieran resolverlo a su favor. El miedo de los compañeros ante las
posibles represalias en las empresas les hace casi siempre testigos ciegos y
mudos ante estos abusos y las dificultades de otro tipo de pruebas junto con la
tibieza de la inspección de trabajo, que no va más allá de hacer una encuesta o
test con la nula ejemplaridad para los casos que judicialmente han
demostrado el acoso en el trabajo, en la que los empresarios no reciben mucho
más de una regañina.
Desde las dos últimas reformas laborales, esto no ha hecho sino agravarse, ante la certeza de la trabajadora/or, que la denuncia de estos hechos acabará irremediablemente con su puesto de trabajo.
Desde las dos últimas reformas laborales, esto no ha hecho sino agravarse, ante la certeza de la trabajadora/or, que la denuncia de estos hechos acabará irremediablemente con su puesto de trabajo.
En una situación de crisis como la
actual ¿Qué hará una trabajadora/or ante
esta situación?, ¿marcharse o seguir soportando el acoso?, ¿no denunciar e
intentar conservar el puesto de trabajo? ¿marcharse de la empresa y perder el
salario?
El desmontaje del derecho en el
trabajo y la organización de los trabajadores en las empresas vá más allá de
las propias condiciones de trabajo, y tanto la protección frente al acoso como
la seguridad y salud en el trabajo son dos víctimas más del fundamentalismo
económico desarrollado en los últimos 15 años.
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