Parece que por mucho que lo digamos, no es hasta que se
constata con toda su crudeza las advertencias que manifestábamos sobre una
reforma laboral que no solo destruye el derecho en el trabajo, sino que además
está empobreciendo a los trabajadores mes a mes, sin que eso suponga una merma
en los despidos masivos que cada día se producen.
Cada mes de vigencia de esta reforma laboral vemos sus graves
consecuencias, bajadas salariales hasta el 30%, conversión
de retribuciones fijas en variables, perdida de las ayudas sociales a los
trabajadores en las empresas, e inmersión de parte de la jornada laboral a la
economía fraudulenta y sumergida, fundamentalmente mediante el contrato a
tiempo parcial.
La situación no distingue trabajadores del sector público o
del sector privado, convirtiéndose los primeros en referencia de los segundos
para justificar los ajustes, que en el sector privado se está trasladando miméticamente
con toda la presión de recortes que hay
sobre el sector público. Se usa a unos para presionar a los otros y se pone de
ejemplo a los primeros para trasladar los recortes a los segundos, con el
resultado de despidos y recortes para todos los trabajadores.
La conclusión es demoledora, un rápido e inevitable
empobrecimiento laboral y social de todos los trabajadores sin distinción en el
que se busca el mantenimiento de los beneficios empresariales a toda costa,
contra los salarios y condiciones de los trabajadores.
Un empobrecimiento que no solo pagan en sus condiciones
directas en el ámbito empresarial, sino que mediante derechos como la educación,
la sanidad, las pensiones y el desempleo tendrán que capitalizar de su bolsillo
y por tanto restarlo de su salario.
Para el gobierno el desempleo
no es ninguna prioridad, por mucho que los trabajadores se nieguen a
entenderlo y sigan siendo ellos en su mayoría los que dan el soporte electoral
a quien tiene por objeto demoler hasta la última piedra del derecho laboral y
de las condiciones sociales de millones de ciudadanos. Ha desaparecido de todos
los medios de comunicación la alarma social sobre el desempleo a pesar de ser
una de las prioridades de la ciudadanía, convirtiéndolo en una expectativa de
mejora para un futuro lejano e incierto, siempre que a cambio se acepten sin
rechistar los mayores recortes de
derechos, recortes que vienen para quedarse y no marcharse.
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