No hay parangón ni referencia posible con la que se pueda
comparar el desastre social que supone el imparable crecimiento del
desempleo que afecta ya a casi toda la
ciudadanía de este país, es difícil
encontrar una familia en la que algún miembro de la misma no haya sufrido el
despido, un expediente de regulación de empleo, un cierre empresarial o situación similar.
Las cifras no dejan lugar a dudas, 5.778.100 desempleados en
todo el país, el 25,02% de la población de los que 250.200 son de esta
Provincia, que supera la media del
Estado, colocando al 28, 10 % de los alicantinos entre las provincias
destacadas por el desempleo. Que este verano el sector turístico haya tenido un
buen año de nada ha servido a los trabajadores, que han visto que se les
contrataba menos y por menos tiempo. Crecen también los hogares con todos sus
miembros en desempleo acercándose a los dos millones de hogares (1.737.900).
Otro dato destacable es el fuerte incremento del desempleo en el sector
público, siendo el colectivo de trabajadores entre los que más crece el
desempleo, advirtiendo el actual gobierno que en este aspecto lo más duro está
por llegar.
Pero quizás lo peor de estos datos es la complacencia del
actual gobierno con la situación, que en
su obcecación ideológica está dispuesta a sacrificar todos los trabajadores necesarios
hasta alcanzar su modelo de Estado. Un estado en el que la flexibilidad laboral
ha destruido el derecho en el trabajo y el trabajo mismo, que camina en lo
social a un tránsito desde el Estado de Derecho hacia un Estado liberal en el
que cada ciudadano capitalice su propio status, es decir, su pensión, su
desempleo, sus vacaciones, su asistencia sanitaria etc., para ello es necesaria
esta reconversión del big-ban financiero
en un problema social, para lo que están empleando la mas-media de la
que disponen (tv, prensa, radio) y en la que actualmente son hegemónicos.
Desde el año 2008, todas las recetas que se están aplicando,
no hacen sino incrementar el sufrimiento de la mayoría de la población, que es
población asalariada, indistintamente de la actividad laboral que desempeñe y
que mes tras mes, ve como se engrosan la colas de desempleados, como se les
desposee de su vivienda, como se destruyen las familias y como a pesar de esto, se descarga sobre sus espaldas todo el
peso del ajuste económico de una deuda con la que se enriquecen los bancos
rescatados, mientras a los que se lucran con este sufrimiento se les rescata
con miles de millones de euros, con amnistías fiscales, se les permite tener
espacios impunes a los que llevar sus beneficios económicos como los paraísos fiscales y en definitiva jugar
con unas reglas que marcan que en este juego siempre ganan.
Este estado de cosas desde luego no lo va a romper quien se
beneficia de él. Romperlo nos corresponde a todos los trabajadores, del sector
público y privado, se esté en activo o desempleado, a los estudiantes, a los pensionistas, a los
dependientes. Estamos hoy en plena lucha por la defensa del empleo, de un
modelo social en el que los ciudadanos seamos el centro y el fin del desarrollo
social. Cambiarlo es posible.
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