Las consecuencias de la reforma laboral están siendo tan
devastadoras, que sus efectos amenazan con acabar con toda la actividad
económica del País.
La actual política de empobrecimiento de los salarios y de ausencia total de derechos de los
trabajadores en las empresas, tanto individuales como colectivos impulsados por
la codicia y escasa perspectiva empresarial de la CEOE, gustosamente recogida
por un Gobierno que no gobierna, sino que se limita a ejecutar recortes a
petición de quien en 15 años de liberalismo económico ha llevado la economía al
colapso, consiguen cerrar cada año miles y miles de empresas.
Y es triste que al final los comunistas les tengamos que dar
lecciones básicas de economía capitalista a los empresarios y sectores
financieros, para explicarles que buscar la competitividad en las empresas y
mejorar su productividad a costa de los salarios y los derechos de los
trabajadores es una aberración económica hasta para Adam Smith.
Las empresas para ser rentables, lo tienen que ser por su
propia actividad y no por pagar salarios de miseria, ya que esto lo que produce
es una severa contracción de la actividad , que lo primero que destruye es la
economía de las familias que dedicaran todo su esfuerzo a la subsistencia.
Un trabajador sin perspectivas laborales, con la amenaza
permanente de ser despedido sin que haya mecanismo legal que lo impida por
injusto que sea, que puede ver como indiscriminadamente y con la más mínima de
las justificaciones le pueden cambiar sus condiciones de trabajo, horarios,
salario, o ser despedido por el mero hecho de enfermar, difícilmente dedicara
los escasos recursos económicos que le quedan a otra cosa que no sea prepararse
para lo peor, si es que puede. Sirva el triste ejemplo de las miles de familias (1.500.000)
en este país que dedican todos sus ingresos a intentar salvar su vivienda y
recurren a comedores sociales o bancos de alimentos para cubrir sus necesidades
básicas, más de 400.000 desahucios dan testimonio del estado de alarma social
en el que se encuentran los trabajadores
No imagino que los mismos actores financieros que no vieron
la explosión de la economía en sus propias narices piensen que 23.000.000 de
trabajadores de los que escasamente están ocupados 17.000.000 y de los que en
su inmensa mayoría tienen un contrato precario, que no empleo, con unos
ingresos netos medios que rondan los 800 euros, se van a dedicar a comprar a
diestro y siniestro y a ir de comercio en comercio demandando servicios o
prestamos que en el plazo más corto no tienen certeza de poder pagar.
Una patronal que no quiere pagar impuestos, ni cotizaciones,
ni salarios y que fuerza la total desregulación del trabajo, ya es lo que
podríamos considerar si de deuda
soberana se tratara, como de empresarios basura, empresarios que no apuestan
por el empleo y menos por sus trabajadores, pero en el pecado llevan la
penitencia, ya que en el desarrollo de estas políticas, se han quedado sin
clientes, sin demanda y sin negocios, por lo que en la medida que se empobrece
a los trabajadores y se les despide por millones, se cierran miles y miles de
empresas. Más de treinta y cinco mil con respecto al mismo periodo del año
anterior, lo que es fácil comprobar con solo con darse una vuelta por cualquier
ciudad y pasear por sus calles.
Persistir en este modelo es un suicidio para la ciudadania de este país, sean asalariados o propietarios de pequeños comercios o negocios, por lo que se hace imprescindible una ruptura con estas políticas y por quienes las avalan, no hacerlo nos empobrecera a todos a costa del saneamiento de la economía de unos pocos, esos mismos que en el último año han sacado casi cuatrocientos mil millones de euros de este país.
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