El Código Laboral no otorga a los
trabajadores el derecho a formar sindicatos, negociar colectivamente ni hacer
huelga, y todo aquel que trate de formar un sindicato puede ser despedido o encarcelado.
Abusos muy graves contra trabajadoras del hogar: La legislación
laboral adoptada en 2005 sigue excluyendo a 1,5 millones de trabajadoras del
hogar. Las embajadas de los países asiáticos de donde son originarias registran
cada año miles de quejas de trabajadoras del hogar que se ven obligadas a
trabajar de 15 a 20 horas al día, siete días a la semana, a veces sin recibir
ninguna remuneración.
Las trabajadoras del hogar son a menudo víctimas de
privaciones de libertad y alimento, de abusos sexuales y psicológicos y de
palizas a manos de sus empleadores. En junio, por ejemplo, tras recibir una
denuncia de los vecinos, las autoridades encontraron a una trabajadora del
hogar originaria de Sri Lanka retenida contra su voluntad en casa de sus
empleadores desde hacía 14 años sin recibir salario alguno.
Las autoridades no fomentan que se presenten denuncias, dado que muchas
veces no se les da curso, o incluso se limitan a deportar a las víctimas de
casos de explotación sin llevar a cabo una investigación a fondo. En
septiembre, un tribunal de apelación anuló una sentencia de tres años de
prisión que había sido dictada contra una empleadora saudita por haber
torturado a su empleada del hogar de origen indonesio, Sumiati Mustapa.
Tras la decapitación en junio de una trabajadora del hogar indonesia de 54
años, que había sido declarada culpable de asesinato por haber apuñalado a su
patrona después de haber sufrido abusos prolongados durante años, Indonesia
decretó una moratoria respecto al envío de trabajadores/as para emplearse en el
servicio doméstico en Arabia Saudita. Las autoridades sauditas, por su parte,
dejaron de emitir visados a los trabajadores/as del hogar procedentes de
Indonesia y Filipinas, a causa de las crecientes tensiones con esos dos países.
Unos 8,3 millones de migrantes están empleados legalmente en Arabia
Saudita, y constituyen entre el 90 y el 95% de la mano de obra en el sector
privado. Muchos son víctimas de numerosas explotaciones, algunos en condiciones
análogas a la esclavitud. En muchos casos, los trabajadores y trabajadoras
migrantes sufren abusos por parte de las agencias de contratación, que les
prometen mucho más de lo que reciben una vez llegan a Arabia Saudita.
El sistema de kafala (patrocinio) vincula el permiso de residencia de los
trabajadores migrantes a la buena voluntad de sus empleadores. Un migrante no
puede cambiar de empleador ni abandonar el país sin el acuerdo por escrito de
su primer empleador o garante. Este sistema favorece los abusos, como la
confiscación del pasaporte por parte del empleador, el trabajo forzoso, la
retención de salarios, etc. El patronazgo y la lentitud de los procedimientos
judiciales hacen que un trabajador migrante en conflicto con su empleador se
encuentre en un callejón sin salida: no puede seguir trabajando ni tampoco
volver a su país. Pese a la confiscación de su pasaporte, algunos se escapan y
acuden a buscar asistencia a sus embajadas. Un periódico indonesio reveló que
entre el 19 de septiembre y el 24 de octubre, el Consulado de Indonesia en
Jeddah había emitido 4.550 documentos de viaje a trabajadores/as que se habían
fugado del domicilio de sus empleadores luego de no haber sido remunerados o
tras haber sufrido otros abusos. Se trata esencialmente de trabajadoras del
hogar y chóferes.
( texto
del informe anual sobre violaciones de los derechos sindicales de la OIT)
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