Cuando hablamos de los Derechos Sindicales,
hablamos de los derechos que tienen los trabajadores en las empresas sean del
tipo que sean, de sus derechos individuales, de sus derechos colectivos,
hablamos de su capacidad de velar por su seguridad en el trabajo y que el mismo
no les cueste la vida, hablamos de la manera en la que participan en el reparto
de la riqueza producida por ellos, de la distribución de la jornada y el tiempo
disponible para estar con sus familias, de las horas necesarias para obtener un
salario suficiente sin que ello suponga entregar la vida para enriquecer a un
tercero, en definitiva no hablamos de otra cosa que de sus derechos como
personas, ya que algunos parecen olvidar que los trabajadores no pierden su
condición humana cuando acceden a su puesto de trabajo.
A lo largo de la historia, nunca
han sido buenos tiempos para los derechos de los trabajadores frente a los que
se ha desatado una gran violencia a cada derecho que se ha reivindicado.
Quienes han intentado mejorar
esta situación de manera organizada, en el mejor de los casos lo han pagado y
lo pagan con represalias en las empresas, difamación entre sus compañeros y
el despido del trabajo, cuando esto no es posible lo pagan con su libertad o la
vida, y no estamos hablando de tiempos pasados sino de un tiempo presente y
actual.
Hoy las cosas vuelven a ir a
peor, por todo el planeta se caen los derechos y las efímeras conquistas que se
han tenido apenas una cincuentena de años en un océano de más de 5000 años de
historia.
La situación en nuestro país es
de extrema gravedad, las últimas reformas abordadas por el PSOE y el
actualmente gobernante PP han afrontado la crisis haciendo recaer todo el peso
en los hombros de los trabajadores.
Han bastado dos reformas
laborales en los tres últimos años para triturar el derecho en el trabajo,
desregulando totalmente las relaciones laborales abaratando el despido,
haciendo procedentes causas que antes no lo eran, permitiendo la unilateralidad
en las decisiones empresariales y su desvinculación a capricho de cualquier
obligación pactada con los trabajadores o sus organizaciones legales de
representación.
Sobre estas también se está
produciendo un ataque sin precedentes para dejar su papel en uno meramente
testimonial, favoreciendo los sindicatos corporativos y fragmentando la
organización del trabajo de modo que anulada totalmente, en apariencia siga
cumpliendo la mínima estética democrática.
En definitiva,
es indiferente el país al que nos remitamos, la tónica habitual es la de un
fuerte retroceso de los derechos de los trabajadores que vuelven a ser
convertidos en una masa desechable carente de todo derecho y que pierde su
condición humana cuando traspasa la línea del puesto de trabajo, pasando a ser
el empresario el dueño y señor de su vida y la de su familia.
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