El año 2013, cierra con 540 muertos en accidentes laborales, incluyendo los accidentes "in itinere" que han sido 108 los declarados, siendo significativo el incremento en el sector servicios que acumula 230 accidentes mortales lo que supone un incremento del 10% respecto al año 2012.
Se han registrado durante el año 2013 un total de 459.535 accidentes de trabajo con baja de los que la mayoría ocurrieron durante la actividad laboral 397.051, el resto de los registrados fueron en los desplazamientos. Los accidentes graves o muy graves han sido 4.162 de los que una parte de ellos, derivarán en la imposibilidad de los trabajadores afectados de volver a trabajar.
No podemos obviar, que estas son las cifras de los accidentes declarados, debiendo tener en cuenta aquellos que se producen en las relaciones laborales integradas en la economía sumergida y por tanto no declarada, por lo que los accidentes producidos durante estos trabajos no se computan. Una economía sumergida, que ronda al menos según estimaciones el 25% , nos hace sospechar que las cifras reales son mayores
Estas cifras son demoledoras, más si tenemos en cuenta cuestiones fundamentales a la hora de analizar datos, como la caída de la población activa, las cifras de desempleo y la crisis en sectores como la construcción, que nos da a entender que una de las sacrificadas en la lucha contra el desempleo es la seguridad y salud de los trabajadores y las políticas empresariales de prevención de riesgos laborales.
Pero detrás de unos datos malos, siempre se encuentra una realidad mucho peor, esta no es otra que el drama social y personal que significa perder la vida o la salud en el trabajo. Familias rotas, familias en ruina, familias y personas en graves dificultades. Un accidente supone en muchos casos perder la capacidad para seguir trabajando, también perder la posibilidad de abordar una vida cotidiana, en la que uno mismo sea capaz de llevar a cabo las acciones más básicas y personales, pasando de este modo a depender de terceros, donde levantarse, caminar, vestirse pasear, jugar con los hijos etc, puede ser un reto cuando no un imposible.
La actual crisis económica, social y laboral, con la que se pretende justificar a cambio de tener trabajo, la aceptación de cualquier condición laboral por miserable y abusiva que sea, junto con la espiral amplificada y vociferada por expertos y economistas de "pro", hacen de la reducción de los costes laborales una peligrosa mezcla que da entre otro orden de cosas este drama que suponen los accidentes laborales.
No parece tampoco, pese a estas cifras y lo que representan, que sean de suficiente interés como para merecer la atención del Gobierno y los medios de comunicación, que como siempre silencian u obvian esta realidad y a quien la sufre.
Para el PCE-PCPV la seguridad y
salud de los trabajadores y el desarrollo de la prevención de los riesgos
laborales son cuestiones fundamentales, que no pueden ser recortadas por ninguna
realidad económica. Para ello es fundamental revisar las actuales políticas y
reforzar de manera real y práctica la intervención de los trabajadores y sus
representantes legales en esta materia ofreciendo garantías y medios para ello.
No puede haber impunidad para los
empresarios que anteponen el lucro y el beneficio a la seguridad en el trabajo.
La precariedad laboral mata, la falta de formación mata, la falta de mecanismos
reales de vigilancia en materia de prevención
mata.
La actual configuración de las
empresas, caracterizada por su pequeño tamaño, un modelo de bajo coste laboral
que se acentúa y la falta de vigilancia y control son abono para el
mantenimiento de unas tasas de siniestralidad inasumibles.
Desde el área de movimiento
obrero del PCE-PCPV se van a llevar a cabo contactos con los distintos
actores sociales en el mundo laboral para abordar este grave problema, de modo que se
invierta de manera real la tragedia que suponen los accidentes laborales y las
enfermedades causadas por la actividad
laboral.
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